jueves, 25 de diciembre de 2008

…Una cuestión de lugares, de padres e hijos…

…Una cuestión de lugares, de padres e hijos…


Quisiera pasar a contar una anécdota que me ocurrió viendo televisión, allí me encontré con la escena de una adolescente relatando la internación por anorexia, de su madre de unos cuarenta y nueve años; a decir verdad debo confesar que no soy un gran conocedor de pinturas, pero esta escena en la cual la chica le contaba a la periodista lo ocurrido a su madre, me hizo evocar la imagen de un cuadro, visto hace ya un tiempo, éste era un cuadro de Rene Magritte titulado: «El espíritu de geometría», y es el siguiente:


http://www.tudivanpsi.com.ar/imagenes/images1.jpg


Claro esta, que la escena de esta pintura puede trasladarse a cualquier otra escena de la vida real en la que se alteran los lugares, las funciones. Esta adolescente, de unos aproximadamente quince años cargaba, como el bebe del cuadro, con el arduo trabajo de sostener a su madre, de aquí la importancia de recorrer “¿quién sostuvo a quién?” en la vida de un sujeto, es decir, -si la madre a su bebe o el bebe a su madre-, en el cual, en este último caso, el bebe estaría ocupando el lugar de un mero objeto para el Otro, con el riesgo de repetir a perpetuidad esta escena, sosteniendo a su partenaire, a sus hijos, y cuantas cosas mas vaya uno a saber; aunque otra alternativa también ante la demanda del otro que nos pide que respondamos a sus pedidos, podría ser la vía de accidentarse, la de enfermarse o quien sabe, dejarse morir, cuando ya nada podemos sostener.

¿Qué le queda a este sujeto esclavizado?, mas que ser un bastón ortopédico del otro, devenido un mero instrumento para el goce de éste, uso perverso de los hijos al servicio de intereses del narcisismo parental.

Es por ello que para poder arribar a un buen puerto su deseo, el sujeto debe atravesar, el deseo parental, para no volver a repetir estos vínculos, y no volver así a toparse con otras “filiales o sucursales” de esta relación que mantenía con aquel Otro. Y así hacer prevalecer su nombre por sobre el antiguo suelo en el que fue anhelado, -aquella fantasía, aquel sueño, aquel por el que fue convocado al nacer-, en fin, deberá apropiarse, acceder a un nombre, para hacer algo con él, como por ejemplo usarlo…; es decir, ´tenerlo para…´; reapropiándose así de otras posiciones distintas a la que le proveía el Otro, esa mirada tenida de anhelos paternos, o como bien dice Serrat, en su tema «Esos locos bajitos»:

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.




Lic. Pablo J. Scuzzarello

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